La gran estafa


Igualdad de oportunidades

Una de las mayores causas de frustración, depresión, fobia y desidia del personal es la tan cacareada como falsa igualdad de los individuos y sus oportunidades. Pongamos como ejemplo un caso reciente y descarado de mangoneo endogámico: Gonzalo Miró.
Como bien saben, tras las vacaciones veraniegas, todas las cadenas de televisión ponen gran empeño en presentarnos sus respectivas novedades en la programación para la nueva temporada. Este año, el canal Cuatro, animado por un primer año de vida de lo más prometedor en lo que a niveles de audiencia se refiere, nos anunció el inicio de un programa, un magazine de mediodía, "Las mañanas de Cuatro", en absoluto novedoso y evidentemente destinado a competir con sus homólogos de las otras cadenas rivales. Para convencernos, claro está, nos enseñaron el plantel: un par o tres de "periodistas de renombre", tres o cuatro "analistas de renombre" –rescatados de otros magazines de otras cadenas– para formar una "mesa de debate" calcada a la de dichos magazines de la competencia y, cómo no, algún miembro de esa nueva casta, hija de los mass media, que conocemos como "los famosos"*. En "Las mañanas de Cuatro", el "famoso" agraciado es Gonzalo Miró.
Este muchacho de veintipocos años adquirió su estatus por herencia –¿pero no habíamos acabado con esto con la Ilustración?–. Hijo de Pilar Miró –una conocida directora de cine–, de padre secreto y de alta posición social, Gonzalo, cuya misteriosa paternidad ya había alimentado sobradamente a la prensa del corazón –curiosamente esta denominación tiene poco que ver con una publicación dedicada a los devenires cardiovasculares– "saltó a la fama" por servir de consuelo sentimental a la hija de la Duquesa de Alba. El chaval empezó a estudiar periodismo... cambió de opinión y probó con la comunicación audiovisual... cambió de opinión y optó por darse una vueltecita por los Estados Unidos, a ver si así se decidía por algo... Y de pronto, sin pasar por la Inem, en medio de este sin vivir tan peculiar del que no tiene que trabajar para comer ni pagarse un alquiler, se encuentra delante de las cámaras, leyendo con dificultad cuatro noticias intranscendentes, anunciando jamón de marca mientras trata de cortarlo con evidente torpeza –cosa lógica, pues al muchacho, el jamón, siempre se lo ha cortado otro, en delicadas lonchitas– y cobrando 6.000 euros semanales –sí, señoras y señores, han leído bien, seis mil semanales– por la puta cara. No se puede expresar de otro modo.
Les aseguro que no tengo nada personal contra este muchacho. Lo juro. Pero ahora díganme ustedes con qué ánimo se levanta uno para ir a trabajar más horas que un tonto para ganar al mes el sueldo mínimo –alrededor de 500 euros de mierda–, o con qué cara le decimos a nuestros hijos que deben esforzarse para vivir, estudiar, prepararse para el día de mañana, para construir un hermoso mundo "democrático" en el que todos somos iguales y disfrutamos de las mismas oportunidades... / R_L

Es que no me extraña...

Comunica la OMS (Organización Mundial de la Salud) que en un década los desórdenes anímicos y mentales representarán la segunda causa de enfermedad, a la zaga de los padeceres cardiovasculares. ¿No les parece sintomático? Tensión, depresión, angustia, pánico, fobias, psicosis... Por supuesto, se anuncia el problema, se invierte un dineral en campañas y en buscar un parche al problema –principalmente a base de fármacos que adormezcan la actividad mental, en este caso–, pero nadie parece dispuesto a descender hasta el fondo del asunto para buscar la razón por la cual las mentes del ciudadano, cada vez desde más temprana edad, saltan por los aires como si de palomitas escapando de la sartén se tratara.
Sin mucho esfuerzo, se me ocurren varios motivos por los cuales un individuo puede decidir –por poner algunos ejemplos en boga– acabar metiéndose en la cama sin intención de volver a levantarse, ocultándose tras las puertas, dejando de comer, o disparándole al prójimo en cualquier establecimiento público: un día se le ocurre pararse a pensar –cosa a la que no está acostumbrado, pues ha dejado que siempre sean otros los que piensen por él– y descubre que está siendo objeto de la mayor estafa que uno puede imaginar.
Un ejemplo: le habían dicho que tenía que trabajar y pagar impuestos para ser merecedor de unos derechos fundamentales (libertad, igualdad ante la ley, alimento, vivienda, sanidad, educación...) y resulta que trabaja toda su puta vida, paga cada vez más impuestos y además paga por todos sus supuestos derechos a precio de lujo. Y si les queda algo suelto, que lo gasten en un montón de cosas que no necesitan. ¿Si tengo que pagarme mis derechos, dónde van a parar mis impuestos? Le convencen de que, a pesar de vivir en un planeta superpoblado, deben seguir trayendo criaturas al mundo para que sigan trabajando en semejantes condiciones, con el argumento de que así construyen un mundo mejor... ¿Mejor para quién? Le convencen de que juegan a un juego llamado "democracia", en el que todos somos iguales y tenemos las mismas oportunidades...
Disculpen, pero me da la risa tonta y no puedo continuar...

"...el trabajo apesta... la escuela apesta... la vida apesta... ¿Qué más puedo decir? La vida es un vídeo juego, tú tienes que morir algún día".
Declaraciones de Kimveer Gill, 25 años, detenido el mes pasado después de liarse a tiros en la Universidad de Dawson (Montreal, Canadá).
R_L