31 de Octubre, 2006


Votación anticipada

Desde hace unas semanas, vivo en zona de pre-campaña para unas elecciones que se celebran mañana, 1 de noviembre de 2006. Pero yo, ya he votado.
Ayer, paseaba rambla abajo, cuando me salió al paso una señora que, en circunstancias cotidianas, hubiera mantenido una precavida distancia de seguridad de al menos cien metros entre ella y mi persona. Sin embargo, obligada por la lealtad a su partido e imbuida del mayor fervor democrático no tuvo más remedio que abandonar el parapeto de su chiringuito electoral y plantarse ante mí.
– Buenos días, señor –fueron las palabras que acompañaron al fajo de papeles que me tendía. Con toda educación, acepté la ofrenda y me dispuse a examinarla allí mismo.
– Hummm... Ya, ya... Ajá... Hum... Ya, ya... –fui emitiendo a medida que hojeaba el tríptico con la jeta del candidato, el manifiesto, las promesas.– Qué amables... –añadí cuando llegué al sobre y la papeleta. Con mi atención, la señora y sus compinches, apostados por los alrededores, parecían colmados por el deber cumplido.
– Muy bien... –Con toda solemnidad, doblé cuidadosamente tríptico, manifiesto, promesas y papeleta, los metí en el sobre, extraje mi carnet de identidad de mi cartera, di unos pasos hasta la papelera más próxima, alcé el sobre y con voz firme y ceremoniosa anuncié:
– Rex Luscus, ciudadano libre de la galaxia... ¡Votó! –Y deposité, no sin cierta pompa, el abultado sobre en aquella urna improvisada. Con una leve inclinación de cabeza, di media vuelta y seguí con mi paseo bajo el sol del mediodía, que brillaba con una intensidad impropia para las fechas en las que estamos./ R_L