Octubre del 2006


Votación anticipada

Desde hace unas semanas, vivo en zona de pre-campaña para unas elecciones que se celebran mañana, 1 de noviembre de 2006. Pero yo, ya he votado.
Ayer, paseaba rambla abajo, cuando me salió al paso una señora que, en circunstancias cotidianas, hubiera mantenido una precavida distancia de seguridad de al menos cien metros entre ella y mi persona. Sin embargo, obligada por la lealtad a su partido e imbuida del mayor fervor democrático no tuvo más remedio que abandonar el parapeto de su chiringuito electoral y plantarse ante mí.
– Buenos días, señor –fueron las palabras que acompañaron al fajo de papeles que me tendía. Con toda educación, acepté la ofrenda y me dispuse a examinarla allí mismo.
– Hummm... Ya, ya... Ajá... Hum... Ya, ya... –fui emitiendo a medida que hojeaba el tríptico con la jeta del candidato, el manifiesto, las promesas.– Qué amables... –añadí cuando llegué al sobre y la papeleta. Con mi atención, la señora y sus compinches, apostados por los alrededores, parecían colmados por el deber cumplido.
– Muy bien... –Con toda solemnidad, doblé cuidadosamente tríptico, manifiesto, promesas y papeleta, los metí en el sobre, extraje mi carnet de identidad de mi cartera, di unos pasos hasta la papelera más próxima, alcé el sobre y con voz firme y ceremoniosa anuncié:
– Rex Luscus, ciudadano libre de la galaxia... ¡Votó! –Y deposité, no sin cierta pompa, el abultado sobre en aquella urna improvisada. Con una leve inclinación de cabeza, di media vuelta y seguí con mi paseo bajo el sol del mediodía, que brillaba con una intensidad impropia para las fechas en las que estamos./ R_L

Es que no me extraña...

Comunica la OMS (Organización Mundial de la Salud) que en un década los desórdenes anímicos y mentales representarán la segunda causa de enfermedad, a la zaga de los padeceres cardiovasculares. ¿No les parece sintomático? Tensión, depresión, angustia, pánico, fobias, psicosis... Por supuesto, se anuncia el problema, se invierte un dineral en campañas y en buscar un parche al problema –principalmente a base de fármacos que adormezcan la actividad mental, en este caso–, pero nadie parece dispuesto a descender hasta el fondo del asunto para buscar la razón por la cual las mentes del ciudadano, cada vez desde más temprana edad, saltan por los aires como si de palomitas escapando de la sartén se tratara.
Sin mucho esfuerzo, se me ocurren varios motivos por los cuales un individuo puede decidir –por poner algunos ejemplos en boga– acabar metiéndose en la cama sin intención de volver a levantarse, ocultándose tras las puertas, dejando de comer, o disparándole al prójimo en cualquier establecimiento público: un día se le ocurre pararse a pensar –cosa a la que no está acostumbrado, pues ha dejado que siempre sean otros los que piensen por él– y descubre que está siendo objeto de la mayor estafa que uno puede imaginar.
Un ejemplo: le habían dicho que tenía que trabajar y pagar impuestos para ser merecedor de unos derechos fundamentales (libertad, igualdad ante la ley, alimento, vivienda, sanidad, educación...) y resulta que trabaja toda su puta vida, paga cada vez más impuestos y además paga por todos sus supuestos derechos a precio de lujo. Y si les queda algo suelto, que lo gasten en un montón de cosas que no necesitan. ¿Si tengo que pagarme mis derechos, dónde van a parar mis impuestos? Le convencen de que, a pesar de vivir en un planeta superpoblado, deben seguir trayendo criaturas al mundo para que sigan trabajando en semejantes condiciones, con el argumento de que así construyen un mundo mejor... ¿Mejor para quién? Le convencen de que juegan a un juego llamado "democracia", en el que todos somos iguales y tenemos las mismas oportunidades...
Disculpen, pero me da la risa tonta y no puedo continuar...

"...el trabajo apesta... la escuela apesta... la vida apesta... ¿Qué más puedo decir? La vida es un vídeo juego, tú tienes que morir algún día".
Declaraciones de Kimveer Gill, 25 años, detenido el mes pasado después de liarse a tiros en la Universidad de Dawson (Montreal, Canadá).
R_L

¿Inútiles? ¿Sinvergüenzas? ¿Las dos cosas?

Por enésima vez leo en los papeles y escucho en los noticiarios el estrepitoso fracaso de la campaña "contra la droga" realizada el año anterior. Es en este tipo de maniobras donde se pone de manifiesto con mayor claridad la estupidez, la endogamia, la desfachatez, la incompetencia, la corrupción, en suma, en la que chapotean nuestros gobiernos, instituciones y entidades que, digámoslo llanamente, chupan del bote.
No recuerdo ni una sola de estas campañas que haya respondido a las expectativas: desde que se iniciaron, el resultado ha sido, sistemáticamente, un incremento del consumo, cada vez, además, a edades más tempranas. Ya sólo con este hecho, bastaría para demostrar que los responsables de estas tareas son, de salida, unos perfectos inútiles. Hasta un niño aprende enseguida a cambiar de estrategia ante el fracaso en el logro de objetivos, incluso aprende a plantearse si, ante sucesivos descalabros, sus antojos son siquiera posibles. Sin embargo, a cada campaña fracasada le sigue de inmediato otra de idéntico calado, salvo en los costes, claro está, que son cada vez mayores y, por supuesto, pagan ustedes con bovina sumisión. ¿Es posible ser tan inútil? ¿No hay nadie que se pregunte por qué fracasan estas campañas o por qué los individuos desde el principio de los tiempos gustan de ponerse hasta las cejas? ¿Nadie ha caído en la cuenta de que los "problemas de la droga" empiezan, precisamente, con su prohibición? Estoy seguro que cualquiera de ustedes podría improvisar una serie de respuestas atinadas a estas cuestiones. Y gratis.
A todo esto, en los cuarteles generales del narcotráfico, en las oficinas de la banca, en las grandes empresas farmacológicas, en las fundaciones "samaritanas", en los gabinetes de ayuda psicológica... –vayan tirando del hilo– se frotan las manos: el negocio va bien. / R_L